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Jorge Antonio González, productor venezolano de cine

"Simón es una reconciliación con quienes somos"

Diego Machuca | C_dPaz  |  28 NOV 2023

Simón es una película venezolana que retrata la historia de un estudiante y ex dirigente de protestas estudiantiles bajo el marco de la Venezuela de 2017. Simón, el protagonista, está pidiendo asilo político en Estados Unidos, mientras revive la traumática situación que vivió al haber sido torturado en Venezuela. Simón ganó seis premios en el Festival de Cine Venezolano y es la candidata de Venezuela a los Goya. En los últimos días, la película ha contado con proyecciones para académicos en Valencia, Barcelona y Madrid. También se celebrarán dos cines foros en Madrid y uno en Barcelona. Uno de los productores de la cinta, Jorge Antonio González, relata cómo fue el proceso de creación de la película y analiza el impacto que ha generado en los espectadores.

P. La película aborda una herida abierta que tienen todos los venezolanos, que son las protestas del año 2017. ¿Por qué cree que un largometraje que trata un tema tan sensible y triste para tantos venezolanos ha logrado generar bastante esperanza en todos los que la han visto?
R. Esta película genera una esperanza inmensa. Primero, porque hasta el día de su estreno nadie había tocado este tema en una película en el mundo del cine. De alguna manera en Venezuela ha habido mucho miedo de decir la verdad. De enfrentar nuestro dolor, nuestra realidad de manera directa y clara, en una historia, por lo menos en el mundo del cine, no se había dicho, no se había hecho.

Creo que los cineastas en Venezuela siempre tuvieron la convicción de que si hacían una película sobre un tema de este estilo, no iba a poder ni siquiera proyectarse, o sea, iba a ser censurada. Entonces ya había miedo. Y los cineastas venezolanos, quieren ser libres, quieren tener una vida normal, y bueno, hacer algo de esto podría significar lo que ha significado para nosotros: una amenaza, una advertencia de que no podemos, literalmente, regresar al país. Porque en el certificado de obra nacional de la película hay una un párrafo que dice que nosotros podemos ir presos entre 10 y 20 años, porque la película podría estar atentando contra el artículo 20 de la Ley contra el Odio y la Convivencia Pacífica. Ese son el tipo de consecuencias directas de hacer una película de este estilo.

Aun así, la película llena de esperanza a los venezolanos. Porque muestra una realidad de una persona que es capaz de hacer lo imposible por buscar la libertad de su país, por defender la democracia. Y, sobre todo, superar sus mayores traumas, consecuencia de lo que se ha vivido en Venezuela en los últimos 25 años.

P. ¿Qué buscaban transmitir cuando estaban haciendo la película? ¿Era justamente ese sentimiento de esperanza o tenían otra cosa en mente?
R. Diego Vicentini, que es el escritor y director, si estuviera aquí probablemente diría que el cine que buscamos hacer no es un cine que te da respuestas, sino que te hace buscarlas a ti. Que te da preguntas, que te abre caminos, no que te los cierra, ni tampoco que te dice cómo tienen que ser los caminos. Entonces, de alguna manera la película no buscaba algo especial. Buscaba en todo caso que cada quien, cuando la viera, lograra su propio camino o tuviera su propia interpretación acerca de la película. En mi caso personal, cada vez que la veo siento mucha esperanza. No solamente al ver la película, sino al ver la reacción de la gente con la película. Es como que los venezolanos en el planeta entero están movidos, conmovidos, emocionados y listos para hacer cada quien, desde su trinchera y desde su posición, lo que haya que hacer para lograr una Venezuela bonita, una Venezuela de democracia, una Venezuela de esperanza.

P. Diego Vicentini fue quién tuvo la idea original de la película. ¿Cómo empezó usted a participar en la cinta Simón?
R. Yo vivo en Miami desde hace ocho años y trabajo en NBC Universal (Telemundo), una compañía muy grande de Estados Unidos. Soy empleado en la compañía pero, aparte tengo un par de compañías de producción audiovisual desde hace muchos años, desde que vivía en Venezuela. Una se llama Picante Films. La otra se llama Black Holt Enterprises. Y Black Holt fue creada específicamente para hacer proyectos un poco más ambiciosos, más comerciales. Y estábamos justamente mi socio y yo en la búsqueda de un proyecto que llenara las expectativas, queríamos que fuese un proyecto que nos importara, que fuese relevante para nosotros. Pero que también fuese comercial, que la gente se interesase por él.

Entonces, en ese momento coincidió y es la vida. Mientras yo estaba buscando un proyecto para mi compañía, Diego estaba buscando el dinero para hacer realidad la película que había comenzado como un corto. Él, dos años antes, había filmado un corto y lo había estrenado, lo había llevado a varios países y ese cortometraje fue exitoso. El corto se llamaba Simón y el largo él quería que se llamara igual. Justamente, cuando él estaba buscando los fondos, coloca un video junto a Marcel Raskin para buscar el dinero para hacer la película, yo veo el video donde están buscando dinero y digo ¡Guau! ¿Será que este es el proyecto donde vamos a entrar? Y le escribo un mensaje directo por Instagram. Yo le dije que me gustaría saber cuál es el estatus de ese cortometraje que había hecho y ahí empezamos a hablar. Y bueno, tenemos más de tres años trabajando juntos. Somos socios, amigos, casi familia. Y así comenzó nuestra relación. Hoy en día somos los productores y los creadores de Simón.

P. Tras más de 24 años en la industria de medios audiovisuales, ¿en qué crees que se diferencia esta película de otros proyectos en los que habías participado antes?

"Simón es el símbolo de un nombre que ya hemos capitalizado a lo largo de la historia como un nombre de libertad, un nombre de lucha"

R. Hay tres cosas que me gustaría mencionarte. La primera, el nombre. Diego capitalizó un nombre muy poderoso. Simón, cinco letras, una tilde. Más nada. Simón es el símbolo de un nombre que ya hemos capitalizado a lo largo de la historia como un nombre de libertad, un nombre de lucha. Ya lo tenemos en Bolívar. Pero la maravilla de este nombre que escogió Diego para la película, que es Simón, es ese Bolívar sin capa y sin espada, sin apellido de abolengo, sino ese nombre del venezolano de a pie, del ser humano ciudadano normal que es capaz de hacer realmente lo que sea por buscar un objetivo y por defender los valores de su país. Ya existía ese nombre en todo el planeta como un símbolo y nadie lo había usado.

La segunda, la calidad cinematográfica o la factura cinematográfica que tiene esta película. perfectamente podría ser entendida como una película hecha en Hollywood, por grandes directores y grandes productores y eso nos llena de orgullo, porque la película quedó impecable. Lamentablemente, hay como una visión del cine venezolano, de que no tiene la mejor factura. Lo hemos escuchado últimamente cuando hemos estado negociando con grandes compañías de distribución de cine que dicen: “Oye es que nosotros no recibimos películas venezolanas porque, bueno, la mayoría de las películas venezolanas vienen con muchos defectos técnicos”. Es una película que sobresale de manera clara y contundente por su factura. El tercer punto, que creo que al final es el más importante, es que nadie había tocado el tema del éxodo más grande de la historia del hemisferio occidental.

P. ¿Qué tan grande fue el reto logístico y de producción de la película?
R. Hubo varios retos importantes a nivel de producción. Uno de ellos fueron las localizaciones. Nosotros sentíamos que en la película debíamos tener la mayor cantidad de locaciones posibles, para darle un valor de producción mayor. Porque cuando ves una película, que está solamente en pocas localizaciones, de alguna manera, el ojo se cansa o se aburre. Por eso tratamos de buscar locaciones muy distintas, llamativas, muy poderosas y, básicamente, la película está repleta de ocasiones diferentes. En una hora y 39 minutos que dura la cinta, vas a ver 24 locaciones. Fueron 28 días de rodaje y fueron 24 localizaciones.

Otro de los grandes retos de la película fue el presupuesto. Teníamos un presupuesto reducido. Simón entra dentro de lo que se considera un `ultra low budget film´ (cinta de ultra bajo presupuesto). Entonces, hacer una película que tuviese la factura de una película de un buen presupuesto, pero con un pequeño presupuesto, es un gran reto. Y eso lo logramos en parte con el apoyo de muchas personas, y esto siempre lo vamos a decir: estamos muy agradecidos con tanta gente que sumó su casa, su apartamento, sus locaciones, su equipo…

Otro de los grandes retos fue filmar una película en época de Covid, y, además, con bajo presupuesto. Porque las grandes compañías cuando van a hacer una película, una serie o un proyecto audiovisual, con gran presupuesto, simplemente le dedican o le agregan un presupuesto adicional para el Covid. Nosotros tuvimos que hacer un protocolo de Covid muy rígido, porque no teníamos el presupuesto para lograr salir de algún problema si alguien se infectaba de Covid. Entonces, fuimos muy rigurosos y el resultado es tan bonito que en 28 días de rodaje, con un mes y medio de preproducción, nadie tuvo Covid. Hubo un solo día donde tuvimos un susto, porque el asistente de dirección, Arturo Manuit, se hizo su test y salió positivo. Nos asustamos y dijimos: "Ok, esto se fue de las manos". No íbamos a tener tiempo para para poder esperar los días que pasara su contagio y luego retomar. Teníamos los días muy contados. Era imposible. Y bueno, dijimos: “esto se acabó”. Pero la buena noticia es que se hizo tres tests para corroborar y había sido un falso positivo. Entonces fue como un llamado de atención para que no bajáramos la guardia. Y creo que eso nos ayudó a que no hubiese ni un caso de Covid durante el rodaje.

P. ¿A qué crees que se deben las “irregularidades” en las que se produjo la elección de la candidatura venezolana a los Oscars?
R. No te estoy hablando en nombre de todo el equipo de Simón, porque no me gusta poner palabras, en boca de otras personas. Desde mi punto personal, yo estoy convencido de que hubo un bloqueo claro de parte de la ANAC (Asociación Nacional de Autores Cinematográficos), por ser una institución del Gobierno y por tener unos ideales muy claramente ligados al Gobierno. Y la prueba más clara es que Simón tenía todos los méritos para ser la película que llevara Venezuela a los premios Oscar. Es demasiado evidente.

Lo resumo. Mejor película del Festival del Cine Venezolano, el festival más importante del país. Luego de eso vino la postulación a los premios Goya por parte de otro gremio. Son más de 400 miembros que están inscritos en la Academia y cada uno de ellos votaba. Durante esa votación estaban cuatro películas, entre ellas la que ganó finalmente en el Oscar. Aún así, en esta terna también ganamos nosotros, con una clara diferencia. Luego hablemos de taquilla. Es la película venezolana más taquillera en el país, de los últimos seis años. Además, las personas más importantes del gremio de cine venezolano salieron a demostrar en sus publicaciones en redes y en medios de comunicación, por qué Simón era la película más importante, no solamente del 2023, sino tal vez de la década. Edgar Ramírez, célebre actor venezolano, dijo: “Esta película marcó una huella indeleble en la historia del cine venezolano”.

Y ahora viene la votación para ir a los Oscar. Resulta que el ANAC, un ente del Gobierno, crea un comité, pero el comité es de 24 personas nada más. Pero resulta que esas 24 personas fueron seleccionadas de una manera desconocida. O sea, no hubo un claro proceso de selección. Hay ciertas personas reconocidas, pero empiezan a aparecer nombres que no se sabe quiénes son. Nombres desconocidos para la industria del cine. Y bueno, vino la votación. Y de repente nos dicen: “Hubo una votación y ganó otra película. Simón tuvo 10 votos a favor y 12 en contra”. Entonces, claro, cuando empezamos a preguntar sobre el debate, entendemos que el debate fue un debate muy pobre, donde no se dieron argumentos relacionados al cine.

En fin, hubo muchas irregularidades, pero la más importante, por lo menos la más clara desde mi punto de vista, fue que una de esas 24 personas era el asistente de dirección de la otra película. Eso es un clarísimo conflicto de interés. Pero nadie dijo nada. Todo el mundo hizo caso omiso. Nosotros no sabíamos, porque no conocemos a todo el crew (el equipo) de todas las películas. Pero no solamente es importante por su voto. No se trata del voto, se trata de que cuando esa persona entró al comité eso generó un debate. Hubo un debate donde cada quien dijo sus argumentos y esa persona, al estar en el debate, pudo influir en la opinión de los demás. En un país en democracia, en un país donde se cumplen las leyes, ese solo argumento sería suficiente para que la votación se eliminara y se tuviera que votar nuevamente. Porque esa persona no ha debido estar allí. Y ese es un solo argumento. Para mí es evidente que ahí hubo una carga política importante donde un grupo decidió por temas políticos que Simón no representara a Venezuela.

P. ¿Crees que esto lo hicieron para limitar el impacto que podía tener la película?

"El Gobierno desde el principio ha querido silenciar la película"

R. La palabra para mí, que resume esto es “silenciar”. El Gobierno desde el principio ha querido silenciar la película. Y cuando digo silenciar, alguien del Gobierno que lea esta entrevista puede decir: “No, ¿pero por qué silenciar? Si la hemos dejado y no la hemos censurado”. Bueno, porque el Gobierno sabía perfectamente que censurarla iba a ser peor. Censurar una película como Simón iba a hacer que la película la vieran el triple de personas. Y ellos pensaron que la iban a ver pocas personas. Pero resulta que ya la han visto más de 100 mil y ese número seguirá creciendo, sin duda.

P. Y para terminar, ¿qué le dirías a una persona que no ha visto Simón?
R. ¡Que está loca! (ríe). Ahora en serio, le diría que no dejen pasar una oportunidad de reencontrarse con lo que han vivido y con lo que tienen por dentro. Porque pasa que los venezolanos nos hemos guardado un dolor, una situación, un pasado o un presente que tenemos allí guardadito, como atrás de la cabeza o en el corazón, ahí guardadito. Pero no queremos sacar, no queremos revivir por razones obvias: sobrevivencia. Porque, bueno, a nadie le gusta sufrir.

Pero resulta que Simón es una reconciliación con quienes somos, es un reencuentro de los venezolanos, es un abrazo. Simón, al final, es un abrazo. Y lo que le diría a una persona que no la ha visto es que no pierda la oportunidad de experimentar ese abrazo, porque es un abrazo sanador, es un abrazo en positivo y es un abrazo que les quedará para siempre tatuado en el alma.

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